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UN MATE?
El
mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca..
Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar
si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la
segunda'¿unos mates?'.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios
o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los
adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir
ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los
buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se
lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís
un orgullo enorme cuando un pedacito de tu sangre empieza a chupar mate.
Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy
caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de
limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates.
La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El
otro responde: 'Como tomes vos'.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La
yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre.
Con inflación, con hambre, con militares, con democracia,
con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no
hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser
un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de
los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar
por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que
haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.
O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un
día cualquiera.
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez
un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración
de valores...
Es
la solidaridad de bancar esos! mates lavados porque la charla es buena.
La charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras
el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin
mayores pretensiones que compartir
La fotografía equivocada
Antes
de volver a casa, pasé a retirar las fotografías, que hace unos días atrás
había dejado a revelar.
Al ingresar al local, una empleada con una sonrisa muy simpática se me
acercó y con amable atención me preguntó si estaba atendido...
'Vengo a retirar mis fotos', le dije, y seguidamente le di mi apellido
para que pudiera ubicarlas.
Unos instantes después, dicha señorita volvió con un sobre, el cual me
entregó diciéndome que habían salido todas, salvo una, que se perdió.
Antes de abonar, abrí el sobre entusiasmado, pero para mi sorpresa ninguna
de las fotos que en el se hallaban eran mías...
Había varias que mostraban un hombre serio, tan serio que hasta se podía
adivinar su mal carácter. Otras mostraban a otro hombre apostando en un
casino. Algunas más, dejaban ver a otro hombre que castigaba violentamente
a un niño, fotos que dicho sea de paso me indignaron. Y así pasó lo mismo
con todas, ninguna era mía, ni siquiera de gente que yo conocía.
Dado esto, llamé a la amable señorita y le dije... 'Estas fotos no son
mías, no las pienso pagar, no espere que las compre'
El tema es que, cuando se trata de fotos es muy fácil no 'comprar' las que
no son nuestras, basta con mirarlas y ver que no es nuestra imagen la que
tienen capturada, pero a la hora de 'comprar' lo que nos quieren hacer
creer que somos como personas, identificar si eso que nos quieren hacer
creer es cierto a veces nos confunde y hasta terminamos creyendo que esas
fotos equivocadas son nuestras.
No compremos fotos que no nos representan, no compremos lo que nos quieran
hacer creer que somos, más cuando nosotros sabemos que eso no es cierto.
'Sos una mala madre/padre', 'No servís para nada', 'Quien podría quererte
a vos'... todas esas son fotos equivocadas, distorsionadas, no representan
nuestra realidad.
Por suerte hay algo que contrarresta las fotos equivocadas, y ese elemento
mágico es el espejo, el espejo que llevamos dentro y el que existe en los
ojos de la gente que nos quiere de verdad, la gente que nos ve como
realmente somos.
Cuando los improperios te confundan, cuando no sepas quien sos, cuando
comiences a dudar si esas 'fotos' son tuyas... Mirate en el espejo de tu
interior o, insisto, en los ojos de la gente que te quiere, allí podrás
ver que tu imagen es muy distinta a la que, a veces, te pueden querer
vender.
Y por sobre todas
las cosas: no compres más fotos equivocadas...
No
fuimos al cine
Cuando yo era adolescente, en cierta oportunidad estaba con mi padre
haciendo fila para comprar entradas para el circo. Al final, solo quedaba
una familia entre la ventanilla y nosotros. Esta familia me impresionó
mucho. Eran ocho chicos, todos probablemente menores de doce años. Se veía
que no tenían mucho dinero. La ropa que llevaban no era cara, pero estaban
limpios. Los chicos eran bien educados, todos hacían bien la fila, de a
dos detrás de los padres, tomados de la mano.
Hablaban con excitación de los payasos, los elefantes y otros números que
verían esa noche. Se notaba que nunca antes habían ido al circo.
Prometía ser un hecho sobresaliente en su vida. El padre y la madre
estaban al frente del grupo, de pie, orgullosos. La madre, de la mano de
su marido, lo miraba como diciendo: 'Eres mi caballero de brillante
armadura'. Él sonreía, henchido de orgullo y mirándola como si
respondiera: 'Tienes razón'. La empleada de la ventanilla preguntó al
padre cuántas entradas quería. El respondió con orgullo:
'Por favor, deme ocho entradas para menores y dos de adultos'.
La empleada le indicó el precio. La mujer soltó la mano de su marido,
ladeó su cabeza y el labio del hombre empezó a torcerse. Este se acercó un
poco más y le preguntó: ¿Cuánto dijo?'. La empleada volvió a repetirle el
precio.
¿Cómo iba a darse vuelta y decirle a sus ocho hijos que no tenía
suficiente dinero para llevarlos al circo?. Viendo lo que pasaba, papá
puso la mano en el bolsillo, sacó un billete de veinte dólares y lo tiró
al suelo.
(Nosotros no éramos ricos en lo absoluto).
Mi padre se agachó, recogió el billete, palmeó al hombre en el hombro y le
dijo: 'Disculpe, señor, se le cayó esto del bolsillo'. El hombre se dio
cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna, pero sin duda apreciaba
la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda. Miró a mi
padre directamente a los ojos, con sus dos manos le tomó la suya, apretó
el billete de veinte dólares y con labios trémulos y una lágrima rodándole
por la mejilla, replicó:
¡Gracias, gracias señor...!
'Esto significa realmente mucho para mi familia y para mí'.
Papá y yo volvimos a nuestro auto y regresamos a casa.
Esa noche no fuimos al circo, pero no nos fuimos sin nada ...
El
pago
Un
día, un muchacho pobre que vendía mercancías de puerta en puerta para
pagar su escuela, encontró que sólo le quedaba una simple moneda de diez
centavos, y tenía hambre.
Decidió que pediría comida en la próxima casa.
Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer
joven le abrió la puerta. En lugar de comida pidió un vaso de agua.
Ella pensó que el joven parecía hambriento, así que le trajo un gran vaso
de leche.
Él lo bebió despacio, y entonces le preguntó, '¿Cuánto le debo?
'No me debes nada,' contestó ella. 'Mi madre siempre nos ha enseñado a
jamás aceptar un pago por una caridad'.
Él dijo, 'Entonces, te lo agradezco de todo corazón.'
Cuando Howard Kelly se fue de la casa, no sólo se sintió físicamente más
fuerte, sino que también su fe en Dios y en los hombres era más fuerte.
Había estado listo a rendirse y dejar todo.
Años después esa joven mujer enfermó gravemente. Los doctores locales
estaban confundidos y no encontraban la razón de su mal.
Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a especialistas
para estudiar su rara enfermedad.
Se llamó al Dr. Howard Kelly para consultarle.
Cuando oyó el nombre del pueblo de donde ella vino, una extraña luz llenó
sus ojos.
Inmediatamente subió del vestíbulo del hospital a su cuarto. Vestido con
su bata de doctor entró a verla. La reconoció en seguida.
Regresó al cuarto de observación determinado a hacer lo mejor para salvar
su vida.
Desde ese día prestó atención especial al caso y después de una larga
lucha, ganó la batalla.
Finalmente, el Dr. Kelly pidió a la oficina de administración del hospital
que le enviaran la factura total de los gastos para aprobarla.
La revisó, escribió algo en el borde, y envió la factura al cuarto de la
paciente.
Ella temía abrirla, porque sabia que le tomaría el resto de su vida para
pagar todos los gastos... Pero al fin la abrió, y algo llamó su atención
en el borde de la factura.
Leyó estas palabras... 'Pagado por completo hace muchos años con un vaso
de leche - (firmado) Dr. Howard Kelly'.
Ocurrió en el baño
Estaba de cena de trabajo en un
restaurante cuando, tras un buen solomillo a la pimienta, siento el
irrefrenable deseo de ir al baño.
Sin pensármelo dos veces me
excuso y me dirijo al baño. Mientras lo hago veo cómo otra persona toma el
mismo camino y entra a los servicios. Yo entro tras él y observo cómo
ocupa uno de los dos cubículos, que eran de esos que no llegan hasta el
techo. Lógicamente, entro en el otro.
Nada más sentarme oigo una voz
que proviene del otro lado de la pared que me dice:
-¡Hola!
Me quedo callado sin saber qué
decir, pero el tipo vuelve a repetir:
-¡Hola! ¿Me escuchas?
La situación me resultaba algo
violenta pero, para no parecer mal educado, contesté:
-¡Hola!
Entonces el tipo pregunta:
-¿Cómo estás?
A lo que contesté sin salir de
mi asombro:
-Bien, gracias, un poco cansado.
Y el vecino de retrete dice:
-¿Qué haces?
-¿Y qué voy a estar haciendo? Lo mismo que tú, ¡Cagando!- contesté.
Tras lo cual el tipo dice:
-¡Mi vida, te llamo después porque tengo a un imbécil al lado, que está
contestando a todas mis preguntas!
MORALEJA: Hay personas que hasta cagando se sienten el centro del mundo.
Formas de cargar gasolina
Lo normal cuando vas a ponerle gasolina al
coche es:
-
Llegar a la gasolinera y apagar el coche.
-
Salir del coche y dirigirse a caja para
solicitar la cantidad que deseas poner.
-
Tomar la manguera y llenar el deposito.
-
Pagar, entrar en el coche, arrancar e
irse.
Pero hay ciertas mujeres que no pueden
hacerlo con tanta sencillez. Si no vean lo que hizo esta señorita:
-
Llega a la
gasolinera, apaga el coche, pone el freno de mano y cierra los
pestillos.
-
Mientras espera
creyendo que vendrá el gasolinero se retoca el maquillaje.
-
"Incomprensiblemente", el gasolinero del AUTOSERVICIO no viene. Da lo
mismo, a grandes males grandes remedios, hay que ser una mujer liberada.
Quita las llaves y las mete en el bolso, saca los guantes con la bufanda
a juego, se los pone y sale del coche estirándose la minifalda. Se pone
la bufanda y se dirige a caja.
-
Se quita un
guante, abre el bolso y saca un paquete de pañuelos de un solo uso, la
agenda y por fin el monedero. Pide 12.47 euros de gasolina. Ante la
pregunta respecto a que tipo de gasolina desea poner, se gira, mira el
coche, levanta los hombros, intenta acordarse de la ultima vez que su
padre/pareja puso gasolina y por fin decide que va a poner "súper sin
plomo", porque es un punto medio, ni normal ni súper plus.
-
Busca las llaves
en el bolso, guarda el monedero, el guante, los kleenex y la agenda.
Abre el coche, deja el bolso, abre el tapón de la gasolina. Se quita el
otro guante.
-
Toma la manguera,
estira, pero no llega, el coche no esta arrimado y el deposito se
encuentra al lado contrario del surtidor. Cuelga otra vez la manguera,
cierra el tapón de la gasolina, quita el bolso del asiento, pone en
marcha el coche y lo arrima un poco más. Se retoca el maquillaje.
-
El coche tiene
una rueda prácticamente encima de la acera en la que se encuentra el
surtidor por lo que al no poder abrir la puerta del conductor, opta por
salir por la del acompañante. Quita el bolso del asiento del
acompañante, pasa el culo a este, gira sobre si misma con las piernas
encogidas, pues la ropa ceñida le impide separarlas, abre la puerta del
acompañante y por fin sale, eso si, estirándose la minifalda. Cierra la
puerta. Va a abrir el tapón de la gasolina, pero las llaves se han
quedado puestas en el contacto por lo que abre la puerta del acompañante
y se mete de cabeza en el coche para alcanzarlas. El gasolinero mira y
exclama "¡ole!".
-
Abre por fin el
tapón, mete la manguera, pone la gasolina que como siempre, se sale un
poquito. Busca un trapo, no lo hay. Abre el coche, coge el bolso, saca
el paquete de kleenex, limpia las gotitas que se han derramado y cierra
el tapón.
-
Abre el coche,
deja el bolso en el asiento de atrás, entra a gatas por el asiento del
acompañante, ya le da absolutamente igual lo que mire el gasolinero, se
sienta en su sitio, abre la guantera, saca una toallita perfumada (¿a
donde voy yo oliendo a gasolina?), se retoca el maquillaje, arranca el
coche, sale de la gasolinera.
-
Transcurridos 2
kilómetros quita el freno de mano.
Tarzán y Jane
Un día Jane cita a Tarzán en la jungla. Jane
estaba muy atraída por él, pero Tarzán no intentaba nada con ella. Así, en
el medio de la conversación, ella le pregunta:
- Tarzán. ¿Cómo te manejas con el sexo?
- ¿Sexo? ¿Qué ser?
Jane le explica a Tarzán, y este responde:
Ah, ya entender. Tarzán usar tronco de árbol con hueco, cuando estar
caliente.
Jane, horrorizada, le dice:
- Estás haciendo todo mal, déjame explicarte cómo se hace.
Jane se quita la ropa, se acuesta en el suelo, abre sus piernas y le
señala la vagina, diciendo:
- Así es. Tienes que meterla acá..
Tarzán se quita su taparrabos, se acerca a ella .... y le propina una
formidable patada en la vagina. Jane sale rodando hasta chocar con un
árbol. Mareada, muy dolorida, trata de levantarse. Por fin, temblorosa,
pregunta:
- ¿Qué te pasa?....¿Por qué hiciste eso?
Y Tarzán responde:
- ¡¡ Asegurarme que no haber AVISPAS !!!!!!!!!
El perro
Un carnicero estaba
apunto de cerrar su negocio cuando vio entrar un perro. Trato de
espantarlo, pero el perro volvió.
Nuevamente intentó espantarlo, pero entonces se dio cuenta que el animal
traía un sobre en el hocico.
Curioso el carnicero abrió el sobre y en su interior encontró un billete
de 500 pesos y una nota que decía; Podría mandarme con el perro 1kg de
carne molida y 1/2kg de pierna de cerdo?
Asombrado, el carnicero tomó el dinero, colocó la carne molida y la pierna
de cerdo en una bolsa y puso la bolsa junto al perro, pero olvido darle el
cambio al perro.
El perro empezó a gruñir y a mostrarle los colmillos.
Al darse cuenta de su error, el carnicero puso el cambio del billete en la
bolsa; el perro se calmó, agarró la bolsa en el hocico y salió del
establecimiento.
El carnicero, impresionado, decidió seguir al can y cerró a toda prisa su
negocio.
El animal bajó por la calle hasta el primer semáforo, donde se sentó en la
acera y aguardó para poder cruzar.
Luego atravesó la calle y caminó hasta una parada de autobús, con el
carnicero siguiéndole de cerca. En la parada cuando vio que era el autobús
correcto, subió seguido por el carnicero.
El carnicero, boquiabierto, observó que el perro erguido sobre las patas
traseras, tocó el timbre para descender, siempre con la bolsa en el
hocico.
Perro y carnicero caminaron por la calle hasta que el animal se detuvo en
una casa, donde puso las compras junto a la puerta y, retirándose un poco,
se lanzó contra esta, golpeándola fuerte. Repitió la acción varias veces,
pero nadie rescindió en la casa.
En el colmo del asombro, el carnicero vio al perro tomar la bolsa con el
hocico, rodear la casa, saltar una cerca y dirigirse a una ventana. Una
vez allí, tocó con las patas en el vidrio varias veces sin soltar la
bolsa; luego regresó a la puerta.
En ese momento, un hombre abrió la puerta... y comenzó a golpear al perro!
El carnicero corrió hasta el hombre para impedirlo, diciéndole: Por Dios,
amigo Qué es lo que esta haciendo? Su perro es un genio!.... Es único!
El hombre, evidentemente molesto, respondió: Que genio ni que mierda!!
Esta es la segunda vez en esta semana que al muy estúpido se le olvidan
las llaves.... y yo en el baño.
MORALEJA:
Por mas que te esfuerces y cumplas mas allá de tu deber en el trabajo, a
los ojos de un jefe siempre estarás por debajo de lo que él quiere.
Los problemas
El
Gran Maestro y el Guardián se dividían la administración de un Monasterio
Zen.
Cierto día, el Guardián murió y fue preciso substituirlo.
El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién tendría
la honra de trabajar directamente a su lado.
Voy a presentarles un problema, dijo el Gran Maestro, y aquél que lo
resuelva primero, será el nuevo guardián del Templo.
Terminado su corto discurso, colocó un banquillo en el centro de la sala;
encima estaba un florero de porcelana seguramente carísimo, con una rosa
roja que lo decoraba.
Éste es el problema, dice el Gran Maestro; - resuélvanlo -.
Los discípulos contemplaron perplejos el 'problema', por lo que veían los
diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia
de la flor.
¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?
Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el
'problema', hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al Maestro y
a los alumnos, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo,
destruyéndolo.
- ¡Al fin alguien que lo hizo! - exclamó el Gran Maestro - ¡Empezaba a
dudar de la formación que les hemos dado en todos estos años!.
Usted es el nuevo guardián. Al volver a su lugar el alumno, el Gran
Maestro explicó: - Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de
un 'problema'. No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene
que ser eliminado.
Un problema es un problema; puede ser un florero de porcelana muy caro, un
lindo amor que ya no tiene sentido, un camino que precisa ser abandonado,
por más que insistimos en recorrerlo porque nos trae confort... 'Solo
existe una manera de lidiar con un problema': atacándolo de frente.
En esas horas, no se puede ser tentado por el lado fascinante que
cualquier conflicto acarrea consigo.
Recuerda que un problema, es un problema. No tiene caso tratar de
'acomodarlo' y darle vueltas, si al fin y al cabo ya no es otra cosa más
que 'UN PROBLEMA'.
Déjalo, hazlo a un lado y continúa disfrutando de lo hermoso y lo que vale
la pena en la vida.
¡No huyas de él... acaba con él!.
El error más grande
El
error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte, te equivocas
dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos.
No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino,
retrocede para seguir avanzando hacia el mar; se equivoca el agua que por
temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna.
No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta; se
equivoca la que por no morir bajo la tierra, renuncia a la vida.
No se equivoca el hombre que ensaya distintos caminos para alcanzar sus
metas, se equivoca aquel que por temor a equivocarse no acciona.
No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al suelo, se
equivoca aquel que por temor a caerse renuncia a volar permaneciendo en el
nido.
Se equivocan aquellos que no aceptan que ser hombre es buscarse a sí mismo
cada día, sin encontrarse nunca plenamente. Porque al final del camino no
te premiarán por lo que encuentres, sino por aquello que hayas buscado
honestamente.
Las mujeres a través de los años
A las
mujeres con 8 años, las metes en la cama y les cuentas un cuento.
Con 18, les cuentas un cuento y las metes en la cama.
Con 28 son un cuento en la cama.
Y con 38 te dicen: déjate de cuentos y vamos a la cama.
Esperando el tren
Una
mujer está acostada en su nueva casa cuando repentinamente empieza a
vibrar toda la cama y se oye un tren pasar a lo lejos. La mujer llama
inmediatamente al casero y le expone que es imposible vivir allí.
Defendiéndose, el arrendador le explica que la estación está muy lejos,
que eso es imposible y que él no tiene ninguna queja de algún inquilino.
Pero como los dos insisten en su posición, al final el tipo acepta ir a
inspeccionar:
'Bueno, esto lo podemos comprobar dentro de cinco minutos cuando pase el
tren siguiente'.
'Pues métase aquí conmigo en la cama y ya verá como vibra'.
Total que están los dos mirando al techo. En eso que llega el marido y
dice el casero:
'Si le digo que estoy esperando el tren no se lo va a creer, ¿verdad?'
Zorba y Buddha
En un bosque cerca de la ciudad vivían
dos vagabundos. Uno era ciego y otro cojo; durante el día entero en la
ciudad competían el uno con el otro.
Pero una noche sus chozas se
incendiaron porque todo el bosque ardió. El ciego podía escapar, pero no
podía ver hacia donde correr, no podía ver hacia donde todavía no se había
extendido el fuego. El cojo podía ver que aún existía la posibilidad de
escapar, pero no podía salir corriendo - el fuego era demasiado rápido,
salvaje- , así pues, lo único que podía ver con seguridad era que se
acercaba el momento de la muerte.
Los dos se dieron cuenta que se
necesitaban el uno al otro. El cojo tuvo una repentina claridad: "el otro
hombre, el ciego, puede correr, y yo puedo ver". Olvidaron toda su
competitividad.
En estos momentos críticos
en los cuales ambos se enfrentaron a la muerte, necesariamente se
olvidaron de toda estúpida enemistad, crearon una gran síntesis; se
pusieron de acuerdo en que el hombre ciego cargaría al cojo sobre sus
hombres y así funcionarían como un solo hombre, el cojo puede ver, y el
ciego puede correr. Así salvaron sus vidas. Y por salvarse naturalmente la
vida, se hicieron amigos; dejaron su antagonismo.
Zorba está ciego- no puede ver-, pero
sabe bailar, cantar, regocijarse. Buddha ve, pero él solo puede ver, pero
no puede bailar, no puede cantar ni regocijarse.
Ya es hora.
...El
mundo está en llamas.
La vida de todos está en peligro.
El encuentro del Zorba con el Buddha puede salvar a toda la humanidad.
Su encuentro es la única esperanza.
He aprendido
Tras las distintas
situaciones que he atravesado en mi vida, he aprendido...
Que
no tenemos que cambiar a los amigos, si entendemos que los amigos cambian.
...
Que no importa qué tan bueno es un amigo, te van a lastimar en algún
momento y los debes perdonar por eso.
...
Que la amistad verdadera continua creciendo, aún más allá de la distancia.
Lo mismo pasa con el amor.
...
Que puedes hacer algo en un instante que te causará dolor de por vida.
...
Que me está tomando mucho tiempo llegar a ser la persona que quiero ser.
...
Que siempre debes dejar con palabras de amor a las personas que quieres.
Puede ser la última vez que las veas.
...
Que puedes seguir adelante mucho después de que no puedas.
...
Que somos responsables por lo que hacemos, no importa cómo nos sintamos.
...
Que si no controlas tu actitud, ella te controlará a ti.
...
Que sin importar que tan excitante es una relación al principio, la pasión
desvanece y más vale que haya otra cosa que tome su lugar.
...
Que los héroes son las personas que hacen lo que se tiene que hacer,
cuando se necesita hacerlo y sin importar las consecuencias.
...
Que el dinero es una pésima forma de mantener el marcador.
...
Que mi mejor amigo y yo podemos hacer cualquier cosa, o no hacer nada, y
pasar el mejor tiempo.
...
Que a veces las personas que esperas que te pateen cuando estás derrotado,
son las que te ayudarán a levantarte.
...
Que a veces, cuando estoy enojado, y aunque tenga derecho para estarlo,
eso no me da el derecho de ser cruel.
...
Que por el hecho de que una persona no te quiera como tú quisieras que lo
hiciera, no significa que no te quiera con todo lo que tiene.
...
Que la madurez tiene más que ver con las experiencias que has tenido y lo
que has aprendido de ellas, que con el número de cumpleaños que has
celebrado.
...
Que no siempre es suficiente ser perdonado por los demás. A veces tienes
que aprender a perdonarte a ti mismo.
...
Que no importa qué tanto está roto tu corazón, el mundo no se detiene por
tu pena.
...
Que nuestro pasado y nuestras circunstancias pueden haber influenciado en
quiénes somos, pero somos responsables por quién llegamos a ser.
...
Que el hecho de que dos personas discutan no significa que no se quieran
el uno al otro. Y el hecho de que no discutan, no significa que sí se
quieran.
...
Que no debes insistir tanto en encontrar un secreto. Podría cambiar tu
vida para siempre.
...
Que dos personas pueden ver exactamente la misma cosa, y ver algo
totalmente diferente.
...
Que tu vida puede ser cambiada en cuestión de horas por personas que ni
siquiera te conocen.
...
Que aún cuando piensas que no tienes más que dar, cuando un amigo te
llora, encontrarás la fuerza para ayudarlo.
...
Que las credenciales en la pared no te hacen una persona decente.
...
Que las personas por las que más te preocupas en la vida se van demasiado
pronto.
...
Que al levantarte cada día puedes
elegir como vivirlo, hacer de cada elección una forma de vida, asumiendo
la consecuencia de tus actos, de tus errores y de tus aciertos.
...
Que no hay vida sin amor, que no hay
forma de vivir sin amar ni ser amado y que no hay trabajo, proyecto o
dinero que pueda cubrir ese vacío.
...
Que pase lo que pase no debo abandonar
mis sueños, que mis debilidades transitorias debo convertirlas en rebeldía
y esa rebeldía canalizarla en pos de ellos.
Un milagro para Andrés
Una pequeña niña fue
a su habitación y sacó un frasco
que estaba escondido en su closet.
Esparció su contenido en el suelo y
contó con cuidado. Tres
veces, incluso. el total fue contado
a la
perfección. No había cabida a errores.
Con cuidado regresó las monedas al
frasco
y cerrando la tapadera, ella
salió sigilosamente por la puerta
trasera y caminó
6 cuadras hasta la Farmacia de Rexall,
que
tenía un gran signo de jefe indio sobre la
puerta.
Ella esperó pacientemente a
que el farmacéutico le prestara
atención,
pero estaba muy ocupado por el momento
Tere movió sus pies para que
rechinaran
sus zapatos. Nada. Se aclaró la garganta
lo mas fuerte que pudo.
No sirvió de nada, finalmente tomó .25 centavos del frasco y tocó en
el mostrador de cristal. Con eso fue
suficiente!
'Y que es lo que quieres?' le preguntó
el
farmacéutico con tono de disgusto
en la voz. Estoy hablando con mi
hermano
que viene de Chicago no he visto en
años, el
'Bueno, quiero hablar contigo
acerca de mi hermano', Tere le
contestó
con el mismo tono de impaciencia. 'El
está
realmente muy, muy enfermo . . . y quiero
comprar un milagro'.
'Perdón ?'
dijo el farmacéutico.
'Su nombre es Andrés y algo malo ha
estado creciendo en su cabeza y mi
papi
dice que solo un milagro puede salvarlo,
ahora dime,
cuanto cuesta un milagro.
'Nosotros no vendemos milagros aquí,
chiquita. Lo siento pero no puedo ayudarte', dijo
el farmacéutico, con voz suave.
Oye, tengo dinero para pagarlo. Si
no es suficiente, conseguiré
lo que falte. solo dime cuanto cuesta'
El hermano del farmacéutico que era un
hombre
muy bien vestido. Intervino y le preguntó a
la niñita, 'Que clase de
milagro necesita tu hermano?'
'No sé, replicó Tere, con los
ojos muy abiertos. Yo solo se que está
muy enfermo
y mami dice que necesita una
operación. Pero mi papi no puede
pagarla, por eso quiero usar mi dinero'
'Cuánto tienes?', le preguntó el
hombre de Chicago
'Un dólar con once centavos', contestó
Tere,
apenas audible.
Y ese es todo el dinero
que tengo, pero puedo conseguir más si es
necesario'
'Bueno, que coincidencia', sonrió el
hombre.
'Un dólar y once centavos---el precio
exacto
de un milagro para los hermanitos'.
El tomó el dinero en sus manos y con
la otra sostuvo su manita enguantada
y dijo 'Lleváme a donde vives. Quiero
ver a tu hermano y conocer a tus
padres.
Veamos si tengo el milagro que necesitas'
Ese hombre bien vestido era el Dr.
Carlton
Armstrong, un cirujano especializado en neuro-cirujía.
La operación fue completamente gratis
y sin
cargo alguno por su estancia en el hospital,
hasta que Andrés regresó sano a casa.
Mami y papi comentaron felices de
la cadena de eventos que les trajo a
todo
esto.
'Esa cirugía', susurraba su madre,
'fue un
milagro real. Ya me imagino cuanto podría
costar?
Tere sonrió. Ella sabía exactamente
cuanto cuesta un milagro. . . un dólar con once
centavos. . .mas la fe de una
chiquilla.
En nuestras vidas nunca sabemos
cuantos
milagros vamos a necesitar.
Un milagro no es la suspensión de una
ley natural
sino la implementación de una ley superior.
Enseñanzas
Recientemente una profesora muy joven, que viajó de Polonia a Brasil,
impartió un seminario y, con mucha lucidez, aportó puntos importantes para
la reflexión de su auditorio.
Ella dijo lo siguiente:
'Ya viví lo suficiente para presenciar tres períodos distintos en el
comportamiento de las personas.
El primero lo viví en la infancia, cuando aprendí de mis padres que era
preciso ser.
Ser> honesta, ser educada, ser digna, ser respetuosa, ser amiga, ser
leal...
Algunas décadas más tarde, fui testigo de la fase del tener.
Era preciso tener.
Tener buena apariencia, tener dinero, tener status, tener cosas, tener y
tener...
En la actualidad, estoy presenciando la fase del 'haz-de-cuenta'.
Analizando este punto de vista, llegaremos a la conclusión de que hoy,
muchas personas hacen de cuenta que todo está bien.
Padres hacen de cuenta que educan, profesores hacen de cuenta que enseñan,
alumnos hacen de cuenta que aprenden, profesionales hacen de cuenta que
son competentes, gobernantes hacen de cuenta que se preocupan con el
pueblo y hay pueblos que hacen de cuenta que lo creen.
Personas hacen de cuenta que son honestas, líderes religiosos que se hacen
pasar por representantes de Dios y fieles que hacen de cuenta que tienen
fe.
Enfermos hacen de cuenta que tienen salud, maleantes hacen de cuenta que
son dignos y la justicia hace de cuenta que es imparcial.
Traficantes se hacen pasar por ciudadanos de bien y consumidores de drogas
hacen de cuenta que no contribuyen con ese mercado del crimen.
Padres que hacen de cuenta que no saben que sus hijos usan drogas, que se
prostituyen, que se están matando poco a poco e hijos que hacen de cuenta
que no saben que sus padres saben.
Corruptos se hacen pasar por idealistas y terroristas hacen de cuenta que
son justicieros.
Y la mayoría de la población hace de cuenta que todo está bien.
Pero una cosa es segura:
No podemos hacer de cuenta cuando nos miramos en el espejo de la propia
conciencia.
Podemos inclusive encontrar disculpas para explicar nuestros
haz-de-cuenta, pero no los justificamos.
Es importante resaltar, sin embargo, que esa representación de cada día,
ese haz-de-cuenta causa perjuicios para aquellos que echan mano de este
tipo de comportamiento.
La persona que actúa así termina confundiéndose a sí misma y cayendo en un
vacío, pues ni ella misma sabe de hecho quien es y acaba traicionándose en
algún momento.
Y esto es extremadamente extenuante y desgastante.
Raras personas son realmente auténticas. Por eso se destacan en los
ambientes en que se mueven.
Son aquellas que no representan, apenas son lo que son, sin hacer de
cuenta. Son profesionales éticos y competentes, amigos leales, padres
celosos en la educación de sus hijos, políticos honestos, religiosos
fieles a las enseñanzas que imparten. Son, en fin, personas no
complicadas, de actitudes simples, pero coherentes y, sobre todo, fieles
consigo mismas.
La persona que vive de apariencias o finge ser quien no es, corre serios
riesgos de caer en la depresión. Esto es perfectamente comprensible por la
batalla que traba consigo misma y el desgaste para mantener una realidad
falsa.
Si es fácil engañar a los demás, es imposible engañar a la propia
conciencia. Por todas esas razones, vale la pena ser quien se es, aunque
eso no le agrade a los demás.
Al final, no es a los demás que rendiremos cuentas de nuestras acciones,
sino a nuestra conciencia y a Dios.
La mujer que habló con Dios
Una
mujer cuarentona sufrió un infarto y fue llevada a un hospital.
Mientras estaba sobre la mesa de operaciones, tuvo una de esas
experiencias cercanas a la muerte. Vio el túnel, la luz blanca y, al
final, vio...
¡A DIOS!
- ¿Ha llegado ya mi hora? -preguntó la mujer ante ÉL.
- AÚN NO, TIENES POR DELANTE 40 AÑOS, 7 MESES Y 13 DÍAS DE VIDA.
Al recuperarse, la mujer reflexionó sobre el significado que tendría esa
experiencia sobre su vida. Su conclusión fue que lo mejor sería aprovechar
la vida siendo lo más feliz posible, así que decidió pasar por una clínica
de cirugía estética: se arregló los pómulos, se hizo una liposucción y se
redujo diversos volúmenes por todo el cuerpo. Después fue a la peluquería-esteticién,
se tiñó el pelo y se depiló. Y luego fue al centro y renovó su vestuario
en las mejores boutiques.
Atravesando por el centro de la ciudad cargada de bolsas de trapitos
monísimos, hecha una mujer estupenda y luciendo una sonrisa radiante, un
autobús la dejó espachurrada contra el asfalto.
De nuevo frente a Dios, LE preguntó irritada:
- Pero, ¿no me habías dicho que me quedaban otros 40 años? ¿Cómo es que no
paraste al autobús?
-PERDONA... ¡NO TE RECONOCÍ!
A pesar de...
A
pesar de que se duermen tus sentidos por la rutina.
A pesar de esta apatía que bosteza enmohecida.
A pesar de muchas broncas que quedaron escondidas.
A pesar de tus fracasos, tus pecados, tus caídas.
A pesar ya de ilusiones que están por siempre dormidas,
y de fantasmas internos prendidos de tus pupilas.
A pesar de que te inventas muchas veces la sonrisa.
A pesar de que te tragues tus verdades, tus mentiras.
A pesar de tus defectos, de tu cólera, de tu ira,
de tus eternos miedos que desde tu alma silban,
y que vivas disfrazando tus pequeñas cobardías.
A pesar de tu pasado que te espía a escondidas.
A pesar de tus angustias que rasguñan tus costillas.
A pesar de tu energía que se agota, se termina,
y del paso de los años, de tus luchas, tus heridas.
A pesar de todo eso...
¡Sigue apostando a la vida!
Bailemos lento
¿Alguna vez has visto a los niños jugando? ¿O escuchado el golpeteo de la
lluvia en el suelo?
¿Alguna vez has seguido a una mariposa en su errático vuelo?
¿U observado al sol desvaneciéndose en la noche?
Mejor detente... No bailes tan de prisa. El tiempo es corto... La música
no durará.
¿Pasas cada día en el vuelo? ¿Cuando te preguntas: 'Quien eres'...
¿Escuchas la respuesta?
Cuando el día acaba... ¿te recuestas en tu cama con los siguientes cien
coros corriendo por tu cabeza?
Mejor detente... No bailes tan de prisa. El tiempo es corto. La música no
durará...
¿Alguna vez le has dicho a tu niño: 'lo haremos mañana' y en tu apatía, no
ves su tristeza?
¿Alguna vez has perdido el tacto, dejando a algún buen amigo morir porque
jamás tuviste tiempo para llamar y decir 'Hola'?
Mejor detente... No bailes tan de prisa. El tiempo es corto. La música no
durará...
Cuando corres demasiado rápido para llegar a alguna parte te pierdes la
mitad de la diversión de llegar ahí.
Cuando te preocupas y te apuras durante el día, es como un pétalo sin
abrir... tirado a la basura...
La vida no es una carrera, se toma un poco más lentamente.
Escucha la música, antes de que la canción termine...
Cumple 21
Celebraban el 21 cumpleaños de su hijo. La
madre le dice al padre: 'Tienes que hablar con nuestro hijo de sexo y
explicárselo todo para que no tenga problemas en la vida'.
El padre piensa un momento y le dice a la madre: 'Le hablaré de cómo lo
hacen los perros'.
La madre contesta:'No, esto es muy directo y demasiado brusco para nuestro
hijo... Háblale de las flores, cómo se polenizan... - porque esto es más
suave para él'.
El padre muy dispuesto se dirige a su hijo, se lo lleva a un apartado y le
dice:'¿Recuerdas el fin de semana que pasamos tú y yo solos en Benidorm?'
- 'Sí, papá' - contesta el hijo.
'Y recuerdas lo que hicimos con las dos extranjeras que nos levantamos en
la discoteca?' - 'Sí, papá'
'Bien, pues lo mismo hacen las flores...'
Si
Si puedes
conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la
pierden y te echan la culpa;
si
puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti,
pero al
mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes
esperar y no cansarte de la espera,
o siendo
engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo
odiado no dar cabida al odio,
y no
obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduría...
Si puedes
soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes
pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes
encontrarte con el triunfo y el fracaso (desastre)
y tratar a
estos dos impostores de la misma manera;
si puedes
soportar el escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o
contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte
y reconstruirlas con las herramientas desgastadas...
Si puedes
hacer un hato con todos tus triunfos
y
arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y
comenzar de nuevo por el principio
y no dejar
de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes
obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte
en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto La
Voluntad que les dice "!Continuad!".
Si puedes
hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar
entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los
enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos
los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes
emplear el inexorable minuto
recorriendo
una distancia que valga los sesenta segundos
tuya es la
Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es
más, serás un hombre, hijo mío.
Rudyard Kipling
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